Goce la vida, tome glifosato

Daniel Samper
Daniel Samper Pizano
CAMBALACHE
El Tiempo
Goce la vida, tome glifosato (27 de abril de 2005)
 

Con un curioso estudio el gobierno aspira a justificar el riego de veneno en los parques nacionales.

Resultaba sospechoso que, poco después de anunciar que aspira a modificar la legislación de parques para regar veneno en ellos, el Gobierno convocase a la presentación de un estudio sobre efectos del glifosato en seres humanos y el medio ambiente. La sospecha se espesó al conocerse que la entidad encargada del estudio era la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD) de la OEA. Más sospechoso aún fue observar que el acto estaba presidido por los ministros de Gobierno y Relaciones Exteriores, con conspicua ausencia del ministerio de Medio Ambiente, al menos en el boletín oficial.

Al final, el gozoso evento confirmó lo cantado: que se trata de un trampolín para llegar adonde quieren llevarnos la embajada de Estados Unidos y el gobierno colombiano: la aspersión de veneno en parques nacionales. El estudio (ver ciberpágina de CICAD) señala que el glifosato no ofrece peligro para la salud ni el entorno ambiental. Tras minimizar sus consecuencias, advierte que los riesgos del glifosato son, de todos modos, inferiores a “la deforestación, el uso sin control y sin vigilancia de otros plaguicidas” empleados para producir coca y amapola.

El pronunciamiento resulta controvertible, por decir lo menos. Abundan otros estudios que sostienen tesis contrarias. Cualquiera puede averiguarlo. Si busca glyphosate en Google hallará 347.000 menciones de esta tema; si escribe glifosato descubrirá 53.600. Allí reposan documentos de universidades y entidades que señalan los peligros de esta sustancia para el medio ambiente. No entraré en detalles por falta de espacio, pero algunas investigaciones señalan que “es preocupante el uso extensivo de glifosato en programas para erradicar coca, opio y marihuana” (Action Network); que es perjudicial para plantas, roedores, organismos acuáticos y aves (American Bird Conservancy); que en bosques tratados con glifosato ha decrecido en un tercio la población de pájaros (National Toxic Network); que “la aspersión aérea de este herbicida como parte del Plan Colombia de erradicación de droga plantea muchas inquietudes sobre daños irreversibles a la salud, la vida silvestre y el ecosistema” (World Wildlife Fund); que “el glifosato deteriora o reduce la población de muchos animales, incluyendo insectos benéficos, peces, pájaros y lombrices” (Going Native, California); que “para sustentar las bondades del glifosato se refiere su baja toxicidad para la salud humana, pero se omite aclarar que la toxicidad crónica no se puede catalogar de igual forma” (Foro sobre plaguicidas, U. de Antioquia); que en Australia está prohibido aplicarlo cerca del agua por sus efectos letales en batracios y anfibios (Pesticide News); que “existen sólidas pruebas de investigadores independientes que demuestran que el glofosato es un peligroso químico” (Buffin y Jewell)…

En fin, hay que dar muchas vueltas y aterrizar en páginas de los fabricantes de plaguicidas para encontrar literatura tan benévola como la que nos regaló el estudio de la CICAD. Casi nos receta el glifosato bien helado para calmar la sed.

No quiero restar autoridad a los cinco científicos internacionales que participaron en el estudio, pero temo que al menos algunos de ellos nunca supieron bien para qué ni para quién estaban trabajando. La CICAD no es un organismo científico sino de policía, poderosamente influido por Washington, y su interés no es proteger la ecología sino acabar con la droga. Por otra parte, los profesores no estaban al tanto del contexto político de su decisión. Opinaron sobre las muestras tomadas en puntos del país fumigados con glifosato, y no tenían por qué saber que su posición podría usarse para sugerir que este veneno es como un caramelo para los ecosistemas. El glifosato servirá de agua bendita para rebautizar nuestros parques, y ellos oficiarán ingenuamente de padrinos.

Hablé en Madrid con Arturo Anadón, miembro del equipo armado por CICAD y director de toxicología de la Universidad Complutense. Aunque el profesor avaló los términos del informe e incluso del boletín de prensa, se mostró inquieto por el hecho de que sus conclusiones pudieran extrapolarse o servir para decisiones políticas no consideradas en el documento. Aclaró que el equipo realizó un análisis químico de muestras específicas en dosis determinadas, pero que estudios más amplios necesitan más tiempo y trabajo. Las conclusiones consideran menos graves los efectos del glifosato que los de otros pesticidas usados en productos ilícitos, pero nadie les pidió evaluar la erradicación manual (único sistema que admite Perú, y que ha funcionado exitosamente) por no ser un procedimiento químico. En otras palabras, solo les pedían escoger entre dos males. Anadón piensa que “la erradicación manual es la ideal” y sería “la más ortodoxa” en este caso.

No conviene, pues, comulgar con ruedas de molino amasadas por quienes pretenden contaminar los parques nacionales como fórmula para reducir la producción de coca y amapola. Mientras existan mejores soluciones, como la erradicación manual, regar veneno en los parques nacionales es un crimen, aunque venga adornado por informes y solemnes actos oficiales.

cambalache@mail.ddnet.es