Esta iniciativa es
eminentemente
humanitaria y
pedagógica. Busca
concientizar al país
sobre el riesgo y
vulnerabilidad de todos
frente a las minas
antipersonal y las
municiones sin explotar
o MUSE.
De la misma manera
pretende hacer un
llamado a la
equiparación de
oportunidades para las
personas con algún tipo
de discapacidad y entre
ellos, en este caso
particular a los
sobrevivientes de las
minas antipersonal.
Las minas
antipersonas o minas
antipersonal son un tipo
de mina terrestre. Están
diseñadas para matar o
incapacitar a sus
víctimas. Se utilizan
para colapsar los
servicios médicos
enemigos, degradar la
moral de sus tropas, y
dañar vehículos no
blindados. Por ello, se
busca sobre todo que
hieran gravemente o
mutilen, y no tanto que
maten, ya que un muerto
no causa tantos
problemas como un
herido. Así, sus efectos
más comunes son
amputaciones,
mutilaciones genitales,
lesiones musculares y en
órganos internos,
quemaduras...
Se calcula que hay más
de 110 millones de minas
repartidas en más de 64
países (la mayoría en
África). Cada año más de
26.000 personas mueren o
sufren traumáticas
mutilaciones debido a
las explosiones de estas
armas que no distinguen
entre combatientes y
población civil. Pueden
permanecer activas
durante más de 50 años
después del fin de un
conflicto.
Frecuentemente no se
señalizan las zonas
minadas, ya que son
lanzadas arbitrariamente
desde aviones o desde
lanzadoras sin ningún
control sobre la zona en
que caen. Tampoco se
elaboran mapas de minas,
cosa que provoca, como
ocurrió en
Bosnia-Herzegovina, que
muchas veces los
soldados en plena
retirada ante una
contraofensiva del
contrincante fueran
víctimas de las minas
que ellos mismos habían
colocado previamente.
La mina antipersona es
uno de los tipos de
armamento más
desarrollado y
fatídicamente certero de
las últimas décadas. Su
objetivo principal no es
matar, sino incapacitar
o herir a sus víctimas,
especialmente a la
población civil. Por
este motivo se activan
por la presión de un
peso muy ligero (muchas
de sus víctimas son
niños). El tipo de mina
antipersona más
frecuente es la mina
explosiva, que estalla
cuando la víctima la
pisa directamente,
produciendo la
amputación del pie o de
la pierna y provocando
lesiones graves en la
otra pierna, genitales,
e incluso en los brazos.
Las minas direccionales
de fragmentación y las
minas saltadoras matan o
mutilan a la víctima que
las acciona e incluso a
todas aquellas personas
que se encuentran en su
letal radio de acción.
El 90% de las víctimas
de las minas antipersona
son civiles. Aún después
de finalizada una
guerra, su presencia en
carreteras, caminos y
campos de cultivo es una
amenaza constante para
la población e impide la
vuelta a la normalidad y
el desarrollo económico
del país tras el
conflicto. Las minas
antipersona provocan
cada año más de 20.000
víctimas (o lo que es lo
mismo, una víctima cada
20 minutos),
principalmente civiles,
e hipotecan el
desarrollo de muchas
sociedades ya que
impiden poder explotar
el único recurso de que
disponen: el campo. En
lugares como
Bosnia-Herzegovina,
Camboya y Croacia, donde
se están aplicando la
prohibición del empleo
de minas terrestres
antipersona y los
requisitos de limpieza
de las minas, así como
programas de
sensibilización sobre el
peligro que suponen, el
número anual de víctimas
ha disminuido de forma
espectacular: más del
65%.
Los principales países
productores, que forman
un arsenal de entre 180
y 185 millones de minas,
son los Estados Unidos,
China, Rusia, Israel,
Pakistán, Sudáfrica,
Corea del Norte, Corea
del Sur, Nepal, India,
Singapur y Vietnam.[1]
Los países más afectados
por esta plaga son
Camboya (10 millones de
minas; uno de cada 236
ciudadanos está
mutilado), Angola (9
millones de minas; uno
de cada 470 habitantes
está mutilado)
Bosnia-Herzegovina,
Afganistán, El Salvador,
Nicaragua, Colombia,
Perú (en la frontera con
Chile y Ecuador), Sudán,
Mozambique, Somalia e
Irak.
En febrero de 1997 los
grupos parlamentarios
del Congreso de los
Diputados de España
aprobaron unánimemente
una Proposición No de
Ley instando al Gobierno
a remitir a la Cámara un
proyecto para regular la
prohibición total de las
minas antipersona,
bombas de racimo y armas
de efecto similar. Un
proyecto que debería
conllevar la prohibición
de la fabricación, el
comercio, el uso y la
exportación de las minas
y también la destrucción
de las existencias de
este armamento.
Finalmente, en diciembre
del mismo año un
centenar de Estados de
todo el mundo firmaron
el Tratado de Ottawa, un
texto definitivo para la
prohibición total de las
minas. España, aunque
reticente al principio,
también lo suscribió. La
campaña internacional (ICBL)
obtuvo el Premio Nobel
de la Paz en 1997. A día
de hoy el Tratado ha
sido ratificado por 144
estados. Se dice que los
estados parte en la
Convención de Ottawa ya
han destruido 37
millones de ellas. La
reciente adhesión a la
Convención de Afganistán
y Angola -dos de los
países más infectados de
minas- ha sido
especialmente bien
acogida.
En noviembre de 2004 140
países se reunieron en
Nairobi por un “Mundo
libre de minas” para
evaluar los logros
conseguidos y revisar
los puntos pendientes.
Este encuentro se llevó
a cabo en el séptimo
aniversario de la
aprobación del Tratado
de Ottawa y cinco años
después de su entrada en
vigor y finalizó con el
compromiso de la
adopción de un Plan de
Acción para los próximos
cinco años que acelere
la destrucción de minas
y garantice el desminado
de las zonas afectadas
así como la asistencia
de las víctimas.
La eliminación de las
820.000 minas
antipersona almacenadas
por el ejército español
comenzó el 27 de julio
de 1998 y se completó un
año después. De esta
forma, dicho país daba
un paso más para el
cumplimiento del Tratado
de Ottawa.
Las ONG españolas
centran ahora su trabajo
en velar para que el
gobierno español
contribuya a la
asistencia de las
víctimas y al desminado
de los países afectados.
A nivel internacional
hay todavía muchos
países que no han
firmado el Tratado de
Ottawa: es, como
decíamos, el caso de los
Estados Unidos, Rusia,
China o Pakistán, por
citar algunos, todos
ellos destacados
productores de minas.
Por este motivo, la
campaña por la
eliminación de las minas
sigue luchando para
conseguir que más
estados suscriban el
Tratado de Ottawa y para
que los que ya lo han
firmado actúen con
firmeza en el proceso de
destrucción y de
prohibición de las minas
antipersona. Desde el
Tratado de Ottawa la
utilización de estos
artefactos ha disminuido
notablemente, en 1999
eran quince los
gobiernos que las
utilizaban y en el
2003-2004 esta cifra ha
disminuido a cuatro.
Pero a pesar de este
avance, no se debe
olvidar el grave
problema que conlleva
para las víctimas
normalizar su vida y es
aquí donde no se está
avanzando lo suficiente.
Lo mismo ocurre con la
desminación de las zonas
afectadas en las que los
fondos para atención a
las víctimas y la
limpieza de minas está
descendiendo. Los
estados que ya han
adoptado la Convención
tiene una fecha clave en
el horizonte: a más
tardar a finales de
2009, la mayoría de los
estados tiene que haber
destruido sus reservas
de minas antipersona y
limpiado las zonas
minadas de su
territorio. |