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Las emisiones de gases
contaminantes, que
provocan el
calentamiento global,
causan estragos en
nuestro planeta.
Sólo basta una leve
modificación de
temperatura para que se
rompa el delicado
equilibrio de la
naturaleza.
Lluvias torrenciales,
inundaciones, vientos
huracanados, sequías,
olas de calor, heladas:
el cambio climático nos
afecta a todos por
igual.
Sin embargo, no todos
los países contribuyen
con la misma proporción
de contaminación.
En La Haya, delegados de
150 países tratan de
ponerse de acuerdo de
una vez por todas sobre
cómo frenar el aumento
del "efecto
invernadero".
Las soluciones
inmediatas conllevan
grandes costos y
sacrificios, y para ello
hay que identificar a
los principales
responsables del
problema.
¿Quién tiene la culpa?
Opiniones
Carece de sentido culpar
a uno sólo. La
responsabilidad es
compartida y los países
industrializados sin
duda encabezan la lista.
Soluciones hay, pero el
costo de ellas no quiere
ser cubierto por quienes
la generan. Nuestro
planeta seguirá en un
curso de deterioro hasta
que sea demasiado tarde
para volver atrás.
José Manuel, Toronto,
Canadá.
Mi país es uno de los
muchos países "en
desarrollo", de forma
que nada o poco pudo
haber contribuido a la
situación actual en el
que se encuentra el
ecosistema en su
conjunto. Son los países
desarrollados los
culpables. No es bueno
vivir del pasado,
ajustando cuentas. Lo
peor es que aún siguen
haciéndolo a sabiendas
de que destruyen el
ecosistema.
Javier Patty Magne, La
Paz, Bolivia.
La culpa es de los
países industrializados,
en conjunto con los
grandes grupos
económicos, cuyo
objetivo es el afán
desmesurado de riqueza a
toda costa, no
importándoles para nada
las consecuencias. En
sus cuentas no tienen
incluido, no solo el
calentamiento global,
sino el sistema
ambiental en general. El
problema está
identificado. ¿Dónde
están las medidas, las
normas, las
restricciones, los
acuerdos, y quién los
hace cumplir?
A. Ramírez, Medellín,
Colombia.
La degradación de
nuestro planeta, no sólo
en el clima, sino en
todos los aspectos
ambientales, es culpa
del afán ciego de la
civilización. No hemos
entendido que a
diferencia de la
naturaleza, no estamos
evolucionando, estamos
involucionando, dañando,
destruyendo. Hay que
tomar acciones desde la
actitud cotidiana de
cada uno, y sobre todo,
de los dirigentes que
tienen en sus manos la
vida del único planeta
habitable que conocemos.
Manuel Burgos, Bogotá,
Colombia.
Es indudable que el
problema está en el
excesivo uso y abuso de
combustibles fósiles,
unido a una tala
indiscrimanada de
árboles que desde
principios del siglo XX
se efectúa en forma
brutal en los países
tercermundistas
disminuyendo la
superficie de bosques en
la tierra en
aproximadamente un 40%
en comparación con los
bosques existentes a la
colonización del
continente.
Por otro lado, el uso de
aerosoles y residuos
químicos a nivel
mundial, donde han
tenido mayor influencia
los países
"desarrollados", ha
llevado a un
calentamiento global y a
una disminución de la
capa de ozono a niveles
altamente peligrosos en
la Antartida y áreas
circundantes.
Para poder revertir o
disminuir estos efectos
es fundamental buscar
nuevas fuentes de
energía que sean
renovables y no
contaminantes tales como
la hidroeléctrica, la
eólica, la fuerza del
mar, del Sol, buscar
plantas de rápido
crecimiento de ciclos
anuales, que no
impliquen un cambio en
la ecología del área al
usarlas.
Vicente Fried, Santiago,
Chile.
No cabe duda: la
industria que contamina
todo el planeta (y más
allá aún) viene de los
países dominantes y de
sus empresas. Ellos
trasladan al resto del
mundo los costos y nos
quieren convencer de que
ellos hacen todo lo
posible y de que los
países dependientes y
empobrecidos por ellos
son también culpables.
No es cierto.
Lamentablemente todos
pagamos las
consecuencias del poder
y la gloria de una
ínfima minoría de
habitantes del globo.
Pancho Bustamante,
Cortland, New York,
Estados Unidos.
La emisión de gases a la
atmósfera de nuestro
único hogar depende en
exclusiva del
incontrolado manejo de
responsabilidades por
parte de las naciones
desarrolladas. Los
EE.UU., Japón, Gran
Bretaña se escudan en
anácronicos leguleyismos
para no suscribir los
tratados que controlan
las emisiones de gases a
la atmósfera. Recordemos
la emisión de gas freón:
¿cuánto tiempo tardó en
ser reconocido sus
efectos devastadores por
parte de la empresa
Dupont? ¿Cuánto
tardaremos en comprender
que el único lugar hasta
ahora conocido en la
inmensidad del océano
interestelar debe ser
resguardado para las
próximas generaciones?
Marielba Barboza,
Caracas, Venezuela.
Pues, en parte la culpa
es de los países
industrializados y por
otra parte de los del
tercer mundo, porque en
Mexico no se hace nada
por conservar la
naturaleza, todo es una
contaminación espantosa,
y no la producen los
estadounidenses sino los
mismos lugareños que
hacen de un bosque un
tiradero, y de un río un
lecho seco para hechar
basura.
Sergio Canavati,
Monterrey, México.
No hay voluntad política
para afrontar el
problema en su
totalidad. Es una pena,
pero se impone una
concepción egoísta y
totalitaria de la
economía que se expresa
sólamente en términos de
beneficios y costes. Una
equivocación
irremediable y que
hipotecará el futuro de
la humanidad e incluso
pondrá en grave peligro
su existencia.
Juan Pedro, Alicante,
España.
La culpa la tienen los
países industralizados.
Otra de mis acotaciones
es que todo esto empieza
a partir de la segunda
revolución industrial
(Inglaterra). La culpa
lo tienen los grandes
países como EE.UU.,
Alemania, Inglaterra,
etc.
En mi opinión no podemos
hacer nada porque nunca
vamos a poder disminuir
estos gases. Un ejemplo
muy importante es la
Ciudad de México. ¡Nos
vamos a incendiar!
Lucas González, Santo
Tomé, Santa Fe,
Argentina.
Pienso que la
responsabilidad es del
sistema económico y de
los grandes grupos que
toman las decisiones
macroeconómicas. El
problema radica en la
escala de valores que
aplican y cómo ignoran
el valor de la salud de
nuestro mundo. Es un
viejo problema que parte
de la base de creer que
las cosas son eternas y
que el mar y la
atmósfera son basureros
inagotables.
Javier Velasco,
Santiago, Chile.
Yo tengo una gran
preocupación por la
manipulación de acuerdos
internacionales que
hacen los países
industrializados. Han
llegado al extremo de
querer comprar las
cuotas de emisión de CO2
a países de mucho menor
desarrollo. Comprenderán
que el volumen de
emisiones de un país
como Guinea no se puede
comparar al de uno como
Suiza. Quizás Guinea
nunca exceda su cuota.
Denis Álvarez, La
Habana, Cuba.
La culpa de este
problema no hay que
buscarla en países ni
regiones económicas
específicas. La culpa en
verdad es de todos por
igual ya que cada uno de
nosotros debemos de
tomar conciencia del
asunto para que nuestro
planeta, que una vez fue
hermoso, lo siga siendo
para siempre.
Alberto Arencibia, La
Habana, Cuba.
La culpa la tienen todos
quienes utilizan un
coche cuando hay autobús
o tren disponibles para
ir al trabajo.
Robert Michaud, Quebec,
Canadá.
La culpa la tienen los
países industrializados.
En primer lugar, porque
nunca les ha interesado
los problemas
relacionados con el
medio ambiente. En
segundo, porque
desplazan hacia los
países más pobres toda
una gama de tecnologías
envejecidas que
propician un deterioro
del ambiente. Muy poco
se ha hecho de lo
plasmado en la agenda
21.
¿Hasta cuándo el planeta
tendrá que soportar
emisiones de gases
tóxicos y océanos y
mares contaminados con
desechos radiactivos?
Pienso que es hora de
que se tenga en cuenta
que el mundo que
cuidemos hoy será la
alegría de nuestros
hijos mañana.
J. Seoane, La Habana,
Cuba.
La culpa es
fundamentalmente de los
países industrializados,
los cuales se mantienen
reticentes a ejercer el
control sobre sus
emisiones gaseosas y
continúan consumiendo de
manera caprichosa
enormes cantidades de
recursos energéticos.
Intentan expiar sus
culpas mediante el
financiamiento de
programas de
conservación ambiental
en países del tercer
mundo, mientras se hacen
la vista gorda ante la
contaminación que ellos
mismos producen como
consecuencia de sus
desmedidos hábitos de
consumo.
Giovanni Figueredo,
Cambridge,
Massachusetts, EE.UU.
La culpa la tienen los
grandes grupos
económicos.
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